La escucha

LA ESCUCHA: Una de las habilidades que más desarrollamos en el aprendizaje bajo el Método Suzuki es la capacidad de escuchar. No hay nada más maravilloso que observar a los niños y niñas disfrutar de esos primeros sonidos que escuchan por primera vez y que poco a poco van imitando, repitiendo y perfeccionando. Es un trabajo de fondo, de insistencia diaria, pero que con el paso de los meses y de los años va cogiendo forma y sentido. ¿Acaso no es un ‘don’ el saber escuchar? Implica atención y empatía, no sólo es necesario para ir forjando nuestro crecimiento instrumental, sino que trasciende a lo puramente musical: si sabemos escuchar, tendremos la capacidad de entender mejor el mundo en el que vivimos.

Desde el primer día de clase o, ¡incluso antes! sabemos lo importante que es escuchar las piezas del repertorio que tarde o temprano irán abordando los más pequeños. En la vida misma, los niños y niñas escuchan desde que nacen el lenguaje que poco después balbucearán y más tarde hablarán. La pregunta es, ¿cuánto tiempo están escuchando hasta que se lanzan a hablar? ¡Años! En el aprendizaje musical sucede igual: necesitamos escuchar música -de calidad- para poder luego imitar esos sonidos. Esta es la razón por la que es tan importante que suenen las grabaciones de los diferentes volúmenes del Método Suzuki, pero más importante es incluso escuchar a los grandes músicos de manera habitual en el hogar. ¡La música es un lenguaje, cuánto más presente esté en nuestras vidas más fácil para nosotros será entenderlo!

La recomendación que puedo hacer desde aquí es que todos los días suene el disco del volumen del Método Suzuki que estéis trabajando, cuanto más mejor. Por supuesto escuchar los demás discos será igualmente bienvenido. Para poder tocar una melodía, primero ha de estar en la cabeza. Si un niño o niña sabe cantar perfectamente la melodía, esto significa que está cada vez más cerca de poder tocarla. Sólo hace falta guiarle en su instrumento de manera correcta y la práctica diaria para asentarlo. Así es como aprendemos a hablar y así es cómo aprendemos a hacer música.

Qué tipos de escucha podemos identificar y debemos potenciar tanto en el aula como en el hogar

  • Escucha atenta: este tipo de escucha conlleva atención y concentración en aquello que estamos escuchando. Además, implica voluntad e intención de comprensión por parte del oyente. Es decir, se basa en: escuchar-atender-comprender. Por ejemplo: estamos en el aula y el alumno/a toca un sonido desafinado. Si estaba practicando la escucha atenta debería ser capaz (si ya cuenta con las herramientas y conocimientos necesarios) de saber si ese sonido estaba agudo o grave y mover la mano en función de su respuesta hasta llegar así a la nota correcta.
  • Escucha activa: este tipo de escucha conlleva una exposición total de todos los sentidos, ya que requiere que mostremos atención al mensaje en su conjunto. No sólo se basa en atender a lo que suena, sino también a todo el contexto que lo envuelve: comunicación no verbal, lenguaje corporal, el tono, etc. Por ejemplo: estamos en clase individual y la profesora toca una frase musical con mucha belleza, pasando todo el arco, vibrando las notas más expresiva, sonriendo y moviéndose. El alumno/a no sólo habrá escuchado el sonido, sino que habrá hecho un análisis de toda la situación intentando acto seguido hacer lo mismo.
  • Escucha pasiva: esta escucha implica más oir que escuchar. No es un acto consciente sino superficial. Por ejemplo: estamos esperando nuestra clase individual y mientras esperamos a que el alumno/a anterior acabe escuchamos su clase, su forma de tocar, la pieza que está tocando, lo que le dice la profesora, etc., y todo esto mientras nosotros estamos sacando el instrumento del estuche.

Como trabajar la escucha en casa

  • Escuchamos el disco o las piezas que estamos trabajando de manera activa:
    • Marcamos la pulsación: marcamos con nuestra palmas el pulso. Podemos añadir patrones corporales diferentes para hacerlo más estimulante una vez la pulsación ha sido entendida.
    • Pelota: cogemos una pelota pequeña y con la misma sensación de pulso nos pasamos esta de una mano a otra. Podemos cambiar la dirección trabajando así además la lateralidad.
    • Bailar: bailamos la pieza que estamos escuchando, siendo precisos con el pulso. Muchas piezas de nuestro repertorio son además danzas así que no hay mejor excusa para levantarse y ¡mover el cuerpo!
    • Con el chelo: suena la música y podemos marcar el pulso con pizz de mano derecha, o mano izquierda (intentando cuadrar armonía), podemos hacer lo mismo con el arco.
  • El escondite inglés: suena una música, a ser posible del repertorio, y cuando pare de sonar nos convertirnos en estatuas.
  • Continuar: empezamos cantando una canción del repertorio y cuando uno quiera para y el otro ha de continuar, así sucesivamente hasta el final (así nos aseguramos si la música está o no en la cabeza)
  • Pizz resonante: tocamos una cuerda al aire y cuando deje de sonar tenemos que levantarnos. Aquí observamos si son capaces de escuchar la resonancia y la longitud, variada, de cada sonido emitido.
  • Cuento: En este juego vamos a leer un cuento. Antes de empezar la lectura se les dirá a los niños que hagan una acción determinada con una serie de palabras claves elegidas libremente. Las acciones pueden ser levantar la mano, dar una palmada, guiñar un ojo… cada vez que escuchen la palabra clave han de ejecutar la acción. Es una actividad muy buena para la discriminación auditiva.
  • La pieza transfigurada: esta implica tener algún conocimiento instrumental por parte de los padres-madres. Cogemos el chelo, o el violín y tocamos por ejemplo Twinkle Twinkle Little Star e introducimos una nota errónea. Quien está escuchando sin el instrumento tiene por ejemplo que levantar la mano al identificar la nota intrusa.
  • Grave-agudo: tocamos sonidos agudos o graves y se han de identificar.
  • Ascendente-descendente: tocamos notas consecutivas y debemos identifica si sube o baja.
  • Ritmos: percutimos ritmos específicos y se ha de imitar.

Estos son sólo unos pocos ejemplos, hay cientos, desde ejercicios muy básicos y sencillos hasta otros mucho más elaborados. Lo esencial es ir de menos a más, ya que la atención se irá viendo incrementada a medida que seamos capaces de ir desarrollando más y más la capacidad de escuchar.

Escuchar el repertorio de manera pasiva

  • En el coche.
  • Mientras se están bañando.
  • Mientras juegan en el cuarto.
  • De fondo cuando se les cuenta un cuento o están leyendo.

CONCLUSIÓN

  • La escucha es una de esas capacidades que pueden llegar a convertirse en un DON si se desarrolla a su máximo potencial.
  • Escuchar ha de ser sinónimo de comprensión y diálogo. Fomenta un entorno más comunicativo y democrático y por tanto un mundo más justo.
  • Específicamente en el Método Suzuki escuchar el repertorio diariamente facilita enormemente el aprendizaje.
  • Tener en la cabeza una melodía y saber cantarla es el paso previo a poder tocarla en un futuro cuando se cuente con las herramientas necesarias para poder interpretarla.

¿Cómo sientes la escucha? ¿La prácticas diariamente? La escucha debería formar parte de la práctica del día a día, integrarla sea de manera activa o pasiva, ayuda muchísimo. Os leo 🌿 🧡

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