5 razones para aprender música

La música transmite y emociona y, aprender a interpretarla nos abre una ventana de comunicación que nos acerca al lado más humano de nuestra especie. Si eres madre o padre Suzuki y has iniciado este maravilloso viaje familiar y musical, te lanzo una serie de preguntas que creo que son importantes que respondas desde un pensamiento crítico: ¿por qué quiero que mi hijo o hija estudie música? Cuando mi hijx tenga 14 años más, ¿qué quiero que haya aprendido?, ¿siento este aprendizaje como algo transitorio, o lo pienso como un proceso a largo plazo? ¿Mi interés por la educación musical trasciende a lo puramente artístico?

Para mí, hay muchas razones que hacen que la vida de las personas sea más completa si viven este viaje musical. Es difícil pero, si intentamos visualizar el niñx del presente convertido en el adulto del futuro, le damos mucho más valor a todo este proceso: este recorrido va mucho más allá que el hecho de aprender a tocar un instrumento. Es un recorrido que forma a la persona y que cambiará, para mejor, nuestras vidas.

Sabemos que el cerebro sigue siendo aún hoy un misterio, pero lo que sí nos han demostrado los científicos es que el cerebro es excepcionalmente plástico, pudiendo adaptar su actividad y cambiando su estructura de forma significativa a lo largo de la vida. Esta plasticidad cerebral es una de las cualidades que favorece la adquisición de capacidades cognitivas. Cuando aprendemos, nuestro cerebro experimenta un boom de conexiones neuronales. Cualquier aprendizaje es por tanto positivo pero, ¿por qué aprender música?

Forja la fuerza de voluntad: cuando aprendemos a tocar un instrumento musical, desarrollamos capacidades tales como la disciplina, el esfuerzo y la constancia. Como consecuencia, aprendemos a saber esperar y a posponer las recompensas: sabemos que para que un pasaje salga bien necesita de un proceso de práctica y asimilación. La fuerza de voluntad trabaja como un músculo: se fortalece con la práctica. Una persona que haya desarrollado esta capacidad tendrá una mente fuerte y suficiente confianza en sí mismo para poder alcanzar los objetivos que se marque en su vida. Tendrá un alto sentido de la constancia, de la superación personal y de la responsabilidad.

Mejora la concentración: igual que la fuerza de voluntad, esta maravillosa capacidad también se entrena. Desde el primer día de clase, el niño/a es retado semanalmente -sin darse cuenta- a ir siempre un pasito más de lo que sabe o cree poder hacer. Justo en ese tiempo que lleva desde el «he de hacer» hasta el «he logrado hacer», es cuando la atención ha tenido su protagonismo. Diariamente, cuando tocamos nuestro instrumento, nos enfrentamos a pequeñas pruebas que debemos superar. Por ejemplo: he de tocar este pasaje con una bonita posición de mano del arco. Cada repetición consciente y alcanzada supone un esfuerzo por atender y poder llevar a cabo la acción. Con estos pequeños pasos, lo que vamos haciendo día tras día es cultivar una habilidad de suma importancia para el adulto del futuro. Un niño concentrado es un niño consciente.

Crea lazos afectivos: de esto escribí largo y tendido en esta entrada sobre la clase de grupo que os animo a que leáis si aún no lo habéis hecho. Somos seres sociales y nos necesitamos los unos a los otros para poder vivir. En nuestras clases de grupo trabajamos para ser mejores personas: haciendo equipo, tolerando, compartiendo, cooperando, aceptando y empatizando con cada integrante del grupo. Una clase de grupo es una pequeña sociedad: si estas clases se basan en el respeto y en la ayuda hacia el otro estaremos contribuyendo a que los niñxs del futuro sean personas solidarias y tolerantes, valores fundamentales para un mundo mejor. Además, ayuda a fortalecer los lazos paterno-filiales ya que el Método Suzuki basa sus principios en que el aprendizaje sea compartido a nivel familiar.

Mejora la memoria: la importancia de la memoria en la educación es un factor clave para el aprendizaje ya que facilita la retención o el almacenamiento de la información y esta información almacenada no es otra cosa que conocimiento. Shinichi Suzuki decía que la habilidad genera habilidad y esto es exactamente lo que sucede cuando memorizamos cada unas de las piezas del repertorio: no sólo memorizamos la música, memorizamos los movimientos, los intervalos, las estructuras, etc. Adquirimos todos estos conocimientos.

Desarrolla las habilidades comunicativas: la música es el lenguaje universal por excelencia. Cada día que pasamos con nuestro instrumento, vamos a un concierto o tocamos una melodía para nuestras familias, tenemos una oportunidad para expresarnos y exteriorizar nuestros sentimientos, emociones y pensamientos al igual que a apreciar lo que escuchamos. El aprendizaje musical nos ayuda en el desarrollo de la sensibilidad y de la inteligencia emocional.

Estas son sólo 5 razones, pero no hay que indagar demasiado para encontrar muchas otras. La música enriquece nuestras vidas, nos conecta, aporta habilidades imprescindibles para el día a día y nos sirve como herramienta de comunicación.

Y, vosotras, familias, ¿qué razones os acercaron a emprender este camino? Os leo 🧡 🌿

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