Básicos imprescindibles

Empezar bien desde el principio

Empezar a estudiar violonchelo debería ser una experiencia positiva y significativa desde el primer día. Pero no sólo basta con tener muchas ganas y un instrumento con el que comenzar. También es fundamental que todo lo que vaya a rodear la práctica esté en orden. Hoy quiero escribir sobre esos básicos imprescindibles que para mi deberían acompañar el aprendizaje del violonchelo. ¡Vamos!

Antes de empezar, creo que merece la pena recordar algo que a menudo se pasa por alto y que es lo principal: lo más importante es que el violonchelo esté en buenas condiciones y qué tenga un mínimo de calidad sonora.. Un instrumento mal ajustado, con cuerdas desgastadas o de dudosa calidad, o simplemente, un violonchelo malo, puede frustrar incluso al estudiante más motivado. ¡Y no hay peor manera de empezar! Por eso, mi primera recomendación siempre es: prestad atención a la calidad del violonchelo y del arco que elegís, dejaros guiar por vuestro profe o por un profesional y no dudéis en acudir a un luthier para que lo revise y lo ajuste, especialmente si el instrumento es de segunda mano. Al final lo barato siempre sale caro. Solo un instrumento bien ajustado puede responder de manera positiva, ayudándonos a disfrutar del sonido y avanzar con confianza desde el principio. Si queréis saber más sobre los requisitos mínimos que, en mi opinión, debería tener un violonchelo, podéis leer este otro artículo del blog.

A partir de ahí, los siguientes elementos son los que considero básicos imprescindibles para cualquier alumno o alumna que quiera practicar en casa con comodidad y autonomía tenga la edad que tenga.

1. BAQUETA PARA LA PRÁCTICA

Los violonchelistas no deberíamos estudiar en cualquier silla. Es cierto que en ensayos o actuaciones a veces no podemos elegir, pero en nuestro espacio habitual de práctica sí conviene cuidar este detalle. Contar con una banqueta adecuada marca una gran diferencia. Debe adaptarse a la altura y edad del estudiante, favorecer la comodidad y la estabilidad, y permitirnos mantener una postura correcta durante el mayor tiempo posible, evitando tensiones o lesiones. La banqueta ideal ha de ser firme y sin reposabrazos (las sillas con respaldo o acolchado blando suelen forzar malas posturas). Lo más importante es que nos permita apoyar completamente los pies en el suelo, con las rodillas ligeramente más bajas que el borde del asiento. Esa posición equilibra el peso del cuerpo, facilita la movilidad del instrumento y favorece una respiración natural al tocar. A continuación mis favoritas:

1. Banqueta Guil BQ-02: Esta me gusta mucho, es cómoda y regulable en altura mediante sistema de tiradores (5 posiciones diferentes). Si sois mañosos con el bricolaje, incluso podéis añadir algún agujero más para ajustarla a los más pequeños.

Banqueta-Guil-BQ-02

2. Banqueta Rock Jam: Tres alturas disponibles, cómoda y práctica. Ideal para niños y adultos, aunque su mínima altura no resulta adecuada para alumnos de muy pequeños (3-4 años)

Banqueta Rock Jam

3. Taburete telescópico: Muy recomendable para los niños y niñas que comienzan. Es regulable, ligero y fácil de transportar. Además, el modelo que enlazo incluye un cojín que mejora la comodidad durante la práctica. 😀

Taburete-telescopico

4. Banquetas plegables: Estas son las que solemos tener en la escuela. Existen en varios tamaños (22 cm, 27 cm, 32 cm y 39 cm) y resultan muy fáciles de mover y guardar.

Banqueta plegable

2. SUJETAPICAS

Otro básico imprescindible es el sujetapica o correa antideslizante. Este pequeño accesorio tiene una función imprescindible: evitar que la pica del violonchelo se deslice mientras tocamos, asegurando la estabilidad del instrumento y, con ello, una postura corporal correcta. Hay quien practica en casa directamente sobre una alfombra, pero incluso en esos casos prefiero que mi alumnado utilice su correa. Igual que ocurre con la banqueta, lo ideal es acostumbrarse siempre a la misma altura y sensación de estabilidad. Esa constancia es clave para desarrollar una postura sólida y natural. Por eso, la correa que usamos en casa debería ser la misma que llevamos a clase o a los conciertos, de modo que el cuerpo reconozca las mismas referencias físicas en cualquier entorno.

En cuanto a cuáles son las mejores opciones, cada profesor tiene sus preferencias. Aun así, yo particularmente recomiendo las siguientes, en este orden, y a continuación explico por qué:

1.Tablas de colores: Son mis favoritas para los más pequeños, y las recomiendo siempre a cada familia que inicia este viaje. Ofrecen una gran estabilidad, se colocan con facilidad y, además, resultan muy atractivas para los niños y niñas.

2. Sujetapicas de cuero: Es la correa que utilizo en mi día a día y la que suelo recomendar para adultos. Ofrece una excelente estabilidad y cuenta con unas siete posiciones diferentes para ajustar la colocación del violonchelo según la altura o la postura de cada intérprete. Y un recordatorio que nunca sobra: se coloca en la pata izquierda de la banqueta 😉. Sí, la izquierda. No sería la primera (ni la última) vez que alguien la engancha en la derecha y se pregunta por qué el violonchelo parece tener vida propia.

Sujetapicas de cuero

3. AFINADOR

El afinador es uno de esos básicos imprescindibles que parecen secundarios… hasta que lo olvidas y, de repente, el violonchelo no suena tan bien como ayer. Un violonchelo debe afinarse cada vez que vaya a ser tocado; es la única manera de empezar a desarrollar el oído desde el primer contacto. Si el instrumento no está bien afinado, nuestro oído tampoco aprenderá a reconocer la afinación correcta.

Por eso, recomiendo tener siempre un afinador a mano. Incluso el oboe de una orquesta, antes de dar el famoso LA, afina con su propio afinador. Así que, si lo hace el oboe, nosotros también podemos hacerlo sin ningún complejo 😌. En las primeras etapas, afinar siempre con el afinador es lo más recomendable. No hace falta usarlo durante el estudio, pero sí comprobar la afinación de las cuerdas antes de empezar a tocar, especialmente si ha habido cambios de temperatura, humedad o llevais varios días sin tocar. Por cierto, os dejo por aquí un vídeo que grabé en plena pandemia sobre cómo afinar el violonchelo. Si estáis empezando, puede resultaros muy útil para aprender a hacerlo con seguridad desde el principio.

1. KORG TM-60: Llevo años utilizándolo tanto en mi práctica diaria como en mis clases, y sigue siendo el más fiable de todos los que he probado. Su lectura es clara, precisa y rápida, y además incorpora metrónomo, una función que aprovecho con mis alumnos más avanzados en momentos concretos del estudio. Esta opción de metrónomo es útil para no tener dos dispositivos en un futuro.

2. CLEARTUNE: En estos tiempos digitales, muchas familias me preguntan por afinadores online o aplicaciones móviles, ya que tener otro dispositivo más a veces resulta más una carga que una ayuda. Después de probar varias, siempre acabo volviendo a una app de pago: la diferencia en precisión y estabilidad merece la pena. El coste es mínimo comparado con la tranquilidad de saber que el instrumento está bien afinado. Cleartune es mi favorita: clara, fácil e intuitiva. Además, es la que utilizo en el vídeo explicativo sobre cómo afinar el violonchelo que mencionaba antes.

CONCLUSIÓN

Empezar bien desde el principio no significa hacerlo perfecto, sino tener en cuenta las condiciones adecuadas para disfrutar del proceso. Un violonchelo en buenas condiciones, una banqueta estable y cómoda, una correa que no se escurra y aporte estabilidad y un afinador que nos ayude a mantener el cello afinado son detalles sencillos, pero en mi opinión, determinantes. Son los que hacen que cada sesión de práctica sea una experiencia positiva, cómoda y musical. Por tanto estos tres básicos imprescindibles pueden marcar la diferencia. Cuando mimamos los pequeños detalles, se nota en el resultado. Y eso, al final, es lo que realmente importa: que queramos volver a tocar al día siguiente.

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